Donald Trump no desiste en su ambición de obtener el control de Groenlandia para apuntalarla como un centro estratégico de Estados Unidos.
“Es muy estratégica en este momento. Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes”, dijo Trump esta semana. “Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional, y Dinamarca no va a poder hacerlo”.
Trump incluso se burló el 4 de enero de las medidas de seguridad nacional de Dinamarca, afirmando que los daneses añadieron “un trineo de perros más” al arsenal de la isla.
La búsqueda del control de este territorio del Ártico, donde existe un creciente interés por parte de Rusia y China, dos de los principales rivales de Washington, se renovó tras el arresto, el pasado 3 de enero, del presidente Nicolás Maduro en Caracas por parte de fuerzas estadounidenses. Pero, esta no es una codicia nueva.
En la mira de EE. UU.
A lo largo de la historia, EE. UU. ha expresado varias veces su interés en adquirir Groenlandia, la isla más grande del mundo y que ha estado bajo dominio de Dinamarca por 600 años. De hecho, después de la II Guerra Mundial, el país norteamericano ofreció 100 millones de dólares en oro para comprarla.
Pero, ha sido con Trump, que ha amenazado con anexionar la isla danesa al señalarla como una necesidad de seguridad nacional para su país, que los temores en Dinamarca y Europa se han acrecentado.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, sostuvo esta semana que EE. UU. “no tiene derecho a anexar” el territorio. También aseguró que Dinamarca ya proporciona a Estados Unidos –-ambos parte de la OTAN– un vasto acceso a Groenlandia a través de pactos de seguridad.
“Insto encarecidamente a Estados Unidos a dejar de amenazar a un aliado históricamente cercano y a otro país y pueblo que han dejado muy claro que no están en venta”, dijo Frederiksen.
¿Por qué Groenlandia? Es la isla más grande del mundo y su capital, Nuuk, está más cerca de Nueva York que la capital danesa, Copenhague. Tiene 57.000 habitantes y desempeña un papel determinante en la crisis climática que afecta a todo el planeta.
“Groenlandia es como una puerta de refrigerador abierta para un mundo que se calienta, y está en una región que se está calentando cuatro veces más rápido que el resto del mundo”. Así ha descrito David Holland, científico del clima de la Universidad de Nueva York, a Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca al que el experto considera fundamental para la competencia geopolítica y geoeconómica en varios aspectos.
Donald Trump, quien volvió a la Casa Blanca en enero de 2025, ya había asegurado, incluso antes de iniciar su segundo mandato, que no descartaba usar acciones militares o económicas contra Dinamarca para hacer que Groenlandia sea controlada por Estados Unidos.
Y su polémica ambición atizó los temores en Europa, luego de que su hijo mayor, Donald Trump Jr., realizara una visita privada a la isla rica en recursos hace un año.
¿Qué hace tan atractiva a Groenlandia?
Frente a las ambiciones de Trump, Geoff Dabelko, profesor de Seguridad y Medio Ambiente de la Universidad de Ohio, explicó en su momento que Groenlandia es un lugar donde se cruzan la crisis climática, recursos valiosos, una geopolítica tensa y nuevos patrones comerciales.
En efecto, en su interior se encuentran miles de millones de barriles de petróleo sin explotar y un vasto suministro de gas natural. A finales de 2020, sin embargo, el Gobierno de Dinamarca suspendió la explotación petrolera en alta mar en este territorio por razones ambientales.
Un estudio de 2023 mostró que 25 de los 34 minerales considerados «materias primas críticas» por la Comisión Europea se encontraron en Groenlandia. Por ejemplo, materiales utilizados en baterías, como grafito y litio, y otros como uranio.
También es rico en valiosos minerales de tierras raras necesarios para la industria de las telecomunicaciones, vehículos eléctricos y turbinas eólicas. Este tipo de minerales también está siendo suministrado por China, por lo que otros países lo ven como una fuente alternativa.
El científico del clima Eric Rignot, de la Universidad de California en Irvine, considera, no obstante, que “más que petróleo, gas o minerales, hay hielo, una cantidad ‘ridícula’”.
Si ese hielo se derrite, remodelaría las costas de todo el mundo, pues tiene suficiente como para que, si todo se derritiera, los mares del mundo aumenten 7,4 metros. Desde 1992, no obstante, ha perdido alrededor de 182.000 millones de toneladas en promedio cada año.





